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EUA, armas y México: cubrí la convención del NRA y así fue mi experiencia

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Stephania Corpi
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Un hombre sostiene un rifle en el stand Smith & Wesson en la convención de la NRA el 27 de mayo de 2022.

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Marley Elizabeth se rasga la voz sobre la Avenida de las Américas mientras decenas de miembros de la NRA dejan el George R. Brown Convention Center en su primer día del evento. La maestra de preescolar, una mexicoamericana de 23 años, dice que está cansada de la violencia en contra de la población latina, negra, asiática, o básicamente todos lo que no sean blancos y pertenezcan a la visión que tienen los seguidores de Trump. “No hay ningún lugar donde puedas estar a salvo” dice mientras se le quiebra la voz. “El miedo y el dolor que veo en los ojos de mis niños cuando escuchan alguna alarma”.

Minutos antes, el ex presidente Donald Trump había terminado su discurso en el marco del ILA-NRA (el Instituto para Acción Legislativa donde se hace lobbying dentro de la Asociación Nacional del Rifle) donde habló sobre de la existencia de ese “mal” como una razón fundamental para que los estadounidenses ejerzan su derecho a portar armas como dicta la Segunda Enmienda.

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El ex presidente Donald Trump durante su discurso en el ILA-NRA el 27 de mayo de 2022.

Mi colega Toya Sarno Jordan y yo recibimos recientemente una beca del Pulitzer Center para Crisis Reporting para documentar cómo el tráfico de armas de Estados Unidos a México ha resultado en un flujo de personas que viajan hacia el norte escapando de la violencia.

Viajé de Ciudad de México a Houston para cubrir la convención de la NRA; saqué las credenciales de prensa una semana antes de la masacre en Uvalde. El motivo de este viaje, en un principio, era entender por qué cierto porcentaje de la población en Estados Unidos siente la necesidad de portar armas.

En México, el proceso para portar un arma legalmente es muy largo y solo se otorgan unas pocas licencias cada año. Aún así, según datos del gobierno mexicano, cada año se contrabandean 500 mil armas.

El gobierno mexicano demandó a una decena de fabricantes de armas el año pasado bajo la premisa de que estas empresas diseñan armas atractivas para grupos criminales. Es un caso en curso que pocos estadounidenses conocen, y es un tema complicado y multifacético, pero es importante resaltar que esas políticas por las que luchan el ILA-NRA tiene un impacto internacional, sobre todo para México. Oasis Outback, donde el perpetrador del ataque de Uvalde compró su AR 15, tiene antecedentes de vender municiones a traficantes de armas.

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Un grupo de hombres observa armas en el stand de Springfield Armory en el Centro de Convenciones George R. Brown en Houston el 28 de mayo de 2022.

En México, la violencia armada representa 100,000 personas desaparecidas y más de 350,000 muertos. A pesar de estos números, México está lejos de su vecino del norte y, su excepcionalismo - esta creencia estadounidense de autoreconocimiento como nación cualitativamente única y superior.

Cuando recogí mis acreditaciones en la conferencia recibí un pase rojo que me permitía tomar fotos, pero no hacer entrevistas. Si quisiera hablar con la gente, tendría que ir a la oficina de prensa y solicitar una escolta que me sería asignada por intervalos de 15 minutos.

Pero este tipo de restricciones solo aplicaron a algunos; los medios relacionados con la NRA, o que presionaron lo suficiente, obtuvieron un pase verde que ofrecía más acceso.

Durante el día pude escuchar discursos de ambos lados de la Avenida Las Américas; de los que protestaban por la reforma de armas en el Discovery Green Park en el centro de Houston, y de los lobbistas en la convención de la NRA. Los primeros, bajo un calor de 40 grados, con mucha frustración, ira y tristeza, con una audiencia de todas las edades, credos y procedencias. Por el otro, bajo las luces del escenario y el aire acondicionado, una población en su mayoría blanca escuchaba a cabilderos prometer que seguirán abogando por la Segunda Enmienda, lo que significa detener leyes para regular, por ejemplo, el portar armas ocultas, o la verificación de antecedentes. Los mismos fabricantes que impulsan estas leyes, según la demanda del gobierno mexicano, son los que atraen y arman a los cárteles en México.

El horror de Uvalde y los 19 niños y dos maestras que perdieron la vida a manos de un joven de 18 años que compró legalmente dos armas y, según reportes, tenía más municiones de las que un soldado estadounidense lleva a la guerra, polarizó aún más la polémica con las que Estados Unidos ha lidiado por años. Discusiones sobre si los maestros deberían estar armados, sobre si debería haber más policías en las escuelas, la importancia de saber usar armas a temprana edad.

Aura Espinoza de 37, protestaba frente a la convención de la NRA con una camiseta que decía: “From Immigrants with Love”. Estaba visiblemente enojada y me dijo: “Es una burla para nuestra comunidad”.

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Un grupo de niños porta fotos de las víctimas del tiroteo en Uvalde durante una protesta en el Discovery Green Park en Houston el 27 de mayo de 2022.

Personas en todo el mundo que tienen hijos, como yo, llegaron a casa el día de la tragedia de Uvalde pensando… ¿y si fuera mi hijo? Espinoza comparte este sentimiento; sin embargo, la diferencia conmigo a pesar de que vivo en un país muy violento, o con alguien que vio las noticias en Nueva Zelanda donde portar armas está prohibido, es que en Estados Unidos portar un arma es un derecho constitucional. Sus hijos, dice, le preguntan por qué la gente trae armas. Ella me dice que no sabe qué contestarles.

La comunidad de Uvalde azotada por el horror de este evento es predominantemente latina. Según todos los relatos provenientes de la presencia masiva de periodistas que llegaron a la ciudad sureña de Texas en los últimos días, son personas trabajadoras que buscan una vida mejor: el sueño americano. Algunos tienen raíces profundas en México, un país donde enfrentamientos entre narcos han cobrado muchas vidas, pero donde no existen estos tiroteos masivos que experimenta Estados Unidos. La conclusión es que las armas de ambos países provienen del mismo lugar: Estados Unidos de América, donde los fabricantes de armas presionan para que los ciudadanos tengan acceso a portar armas.

Durante estos tres días en la convención descubrí dos cosas. Primero, la mayoría de los miembros del NRA también buscan un sentido de comunidad, de pertenecer a algún lugar. Las personas con las que logré hablar me dijeron que esta convención era un lugar de reunión, de familia y un lugar para defender a sus seres queridos y sus derechos, en especial la Segunda Enmienda. Vi parejas cogidas de la mano súper cariñosas, familias con sus tres o cuatro hijos, grupos de amigos, miembros de clubes de tiro y comunidades deportivas y de caza, personas que se notaba que se conocían desde hace décadas, mirando armas y accesorios juntos.

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Dos niños sostienen armas en la convención de la NRA en Houston el 28 de mayo de 2022.

Lo segundo fue que la mayoría de los asistentes están convencidos de que necesitan a esta asociación porque deben defenderse si se sienten amenazados. Pero ¿qué califica como una amenaza? Parecían reacios a cualquier cosa que fuera demasiado diferente para ellos. Por ejemplo, cuando me acercaba a los stands eran muy amables conmigo hasta que veían mi pase de prensa y me decían que yo era de los “medios del mal”. Quería tomar una foto de municiones que estaban exhibidas, y el propietario me pidió que me retirara porque no me alineaba con sus ideas.

Mi acento tampoco ayudó. Durante estos tres días, los organizadores del NRA me sacaron del lugar varias veces. Cuando me escuchaban hablar me preguntaban de dónde era, dónde vivía y por qué no tenía a mi acompañante. Tengo doble nacionalidad, un hecho que resultó bastante útil cada vez que mi lado mexicano parecía incomodar a alguien.

Mientras tomaba un café en el hotel al frente de la convención, se acercó a platicar conmigo un señor mayor, miembro de la NRA. Conversamos durante unos 40 minutos. Cubrimos muchos temas: la economía, COVID, su familia, su infancia, armas, la NRA. Me explicó por qué Trump era tan necesario para el país; era de las únicas personas que podía defender al país en la frontera. Mi sangre mexicana empezó a hervir y no pude evitarlo. Tuve que confesarle que era mexicana. Me dijo que probablemente yo era una de los pocos buenos.

La ironía es que las personas que están en contra del control de armas generalmente también están en contra de la inmigración, como me hizo saber mi nuevo amigo del café. Lo que no parecen entender es que su Segunda Enmienda también aplica a los narcos que pueden comprar armas libremente en Estados Unidos y traficarlas a México.

Horas antes del tiroteo en Uvalde, mi teléfono había vibrado con una alerta de AP News: “once personas, ocho de ellas mujeres, murieron en ataques simultáneos en dos bares en el centro-norte de México”. La mayoría de estos asesinatos no se investigan y el gobierno a menudo da a entender que las víctimas estaban involucradas en actividades delictivas. Hasta un 90 por ciento de las armas involucradas en estos tiroteos provienen de Estados Unidos.

El primer día de la conferencia, mientras hacíamos fila para ingresar a la zona libre de armas donde Trump, Cruz y compañía dieron sus discursos, agentes del servicio secreto revisaron las pertenencias de los asistentes. Justo frente a mí, una mujer probablemente en sus 70, percibiendo algo en las facciones de una de las agentes le preguntó: “Cariño, ¿estás legalmente en el país?” La agente, se sonrojó y simplemente bajó la mirada.

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Policías estatales ingresando al Centro de Convenciones George R. Brown en Houston el 28 de mayo de 2022.

De una forma u otra las ideas se van reforzando. Mientras Trump daba su discurso, llamó al estrado a Jack Wilson, quien salvó a un grupo de feligreses en White Settlement, Texas, en 2019 cuando un hombre armado con una barba falsa y una peluca entró a una iglesia y mató a dos personas. Cinco o seis personas más de la iglesia también portaban armas; los defensores de derechos de armas usan con frecuencia este evento como un ejemplo para apoyar las leyes de portación abierta. Wilson, de 71 años, como muchos partidarios de Trump, cuestiona la legitimidad de las elecciones presidenciales de 2020 y está convencido de que Trump sigue siendo su presidente. Hizo esta declaración mientras la multitud le aplaudía. Minutos después, Trump aseguró a la audiencia que todos los migrantes representan una amenaza. También mencionó el programa “Permanecer en México” e hizo múltiples referencias a la frontera y el “mal” que llega desde ahí. Esas dos ideas en un lapso de una hora.

Y una vez más, en Estados Unidos no se dan cuenta cuán estrechamente relacionada está la adicción de los estadounidenses a las armas y las drogas con la violencia al sur de la frontera. Los cárteles mexicanos se encuentran entre los más poderosos del mundo porque abastecen de drogas al mercado estadounidense; la violencia proviene de una lucha constante por la ruta de distribución hacia el norte que defienden con las armas que obtienen de Estados Unidos.

Fue muy interesante ver cómo la gente reacciona ante Trump. Ninguno de los oradores provocó esta reacción, tan emocional, de la audiencia. Había visto fotos y videos de él con su multitud de admiradores, pero no hay nada como estar ahí. Miraba a las personas en la audiencia en lugar de ver a Trump y tenían esta admiración en los ojos, la mayoría grabando videos en sus celulares, aplaudiendo, asintiendo a cada idea. La energía increíblemente alta nunca disminuyó durante más de una hora de discurso.

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Seguidores de Trump toman fotografías del ex presidente mientras sube al escenario durante el cierre de la convención ILA-NRA en Houston el 27 de mayo de 2022.

Salí de ahí antes de que terminara, al mismo tiempo que un hombre barbudo que, cuando vio a los manifestantes afuera, dijo: “Ojalá tuviera mi AR-15. Les dispararía a todos”.

Porque al final del día ¿qué es una amenaza? ¿quién decide? ¿qué es fuerza razonable o legítima defensa? En un país donde puedes dispararle a alguien si te sientes amenazado, espero que este hombre estuviera bromeando; pero la verdad es que realmente podría haber sacado su arma y disparar.

Me acerqué a uno de los manifestantes, un hombre que llevaba horas allí. Jack Hill, un profesor jubilado de 72 años que solía dar clase de religión en la Texas Christian University. Discutimos esta última idea de cómo las personas en la convención de la NRA se sintieron amenazadas por los manifestantes, cómo la policía sintió la necesidad, también, de proteger a los asistentes de la conferencia. La mayoría de ellos estaban dando la cara a los manifestantes, algunos en sus caballos.

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Manifestantes protestan exigiendo mayor control de armas el 27 de mayo de 2022, fuera del Centro de Convenciones George R. Brown en Houston a pocos días del tiroteo en Uvalde.

Le pregunté si había manera de que los estadounidenses lograran llegar a algún tipo de consenso. Alterado, contestó que Estados Unidos tiene una enfermedad única llamada armas: “Lo peor es el racismo y la supremacía blanca inherente a estos tiroteos; la polarización viene de ahí”.

“La gente aquí no cree que pueda pasar en Estados Unidos”, agregó. “Pero estamos mirando al fascismo a la cara. Y si la población no toma conciencia de eso, vamos a perder nuestras libertades”.

Hizo referencia a los ataques a la comunidad asiática. “Le ha pasado a la comunidad judía”, agregó, “y ciertamente le ha pasado a la comunidad musulmana en este país. Creo que esa parte de la polarización se debe a que estamos en una guerra por el alma estadounidense”.

Ese viernes por la noche, después de cubrir las protestas y la convención, me encontré con una pareja que caminaba tranquilamente por el centro de Houston. Empezamos a charlar, y Leila, de 55 años, me dijo que lo más doloroso de este tiroteo es cómo los partidos políticos monetizan estas terribles situaciones. “Ambas partes son básicamente corporaciones; terminamos confiando en el que tiene mejores planes sociales”.

Después de tres días de cubrir la conferencia de la NRA, el último día tenía dos tareas finales: una era grabar todo el audio que fuera posible para mi investigación, y la otra era grabar entrevistas con la mayor cantidad de personas del NRA que pudiéramos.

Decidí sostener un AR-15, tener uno en mis manos; necesitaba el audio. No es tan pesado como parece, pero me temblaban las manos. Para nuestra investigación, Toya y yo tuvimos que meternos un poco en el papel para saber cómo suena recargar el arma. Trato de imaginar lo que mucha gente siente cuando vuelve a escuchar ese sonido después de sobrevivir un tiroteo.

Sabíamos que en algún momento nos echarían a ambas de la convención, así que aprovechamos al máximo el tiempo el último día, incluso con esta tarea incómoda. No me siento mal por la cantidad de veces que me sacaron, ni tampoco por los que se negaron a hablar conmigo. Creo que realmente están convencidos que tienen la verdad y no quieren ser criticados.

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La tienda de regalos de la NRA con pistolas para niños y animales de peluche en el Centro de Convenciones George R. Brown en Houston el 29 de mayo de 2022.

Pero de igual manera, creo que no se dan cuenta que están defendiendo ideas que están matando gente. Estos no son solo gadgets para lucir en sus selfies de redes sociales, son armas.

Cuando finalmente dejé el centro de convenciones por última vez, Michael Hernández, de 31 años, cuyo padre fue asesinado el año pasado, accedió a hablar conmigo. Se alegró de que un reportero quisiera saber su versión de la historia. Él cree que son las personas y sus circunstancias las que matan. Cuando salió de la convención de la NRA y vio a los manifestantes, compartió que "la división da un poco de miedo". Agregó que es posible que la gente quiera hablar sobre armas cuando vemos lo que pasa en las escuelas, pero “hay muchas otras cosas que todos podemos resolver y en las que podemos concentrarnos, como la salud mental… todos han tenido una discusión sobre armas”.

Podría ser… ¿ambos? Muchos políticos, como lo han hecho después de tiroteos masivos anteriores, se están enfocando en la salud mental tras la masacre de Uvalde, el pequeño pueblo que ha captado la atención internacional y se ha convertido en un nuevo capítulo en la historia de armas de asalto y alto calibre en Estados Unidos.

Postdata: Por lo menos 33 tiroteos masivos tuvieron lugar el fin de semana después de lo ocurrido en Uvalde.

Stephania Corpi es una periodista y fotógrafa documental mexicana. Es también co-host y co-productora de los podcasts La Línea y Line in the Land, producciones de Texas Public Radio.