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Así es como las pistolas y las armas de asalto afectan el cuerpo humano

People visit the town square in Uvalde, Texas and the memorial with the names of the 19 children and two teachers killed in the
Jack Gruber, Jack Gruber/USA TODAY NETWORK via Reuters Co
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Una ola de tiroteos masivos ha plagado al país en semanas recientes, incluyendo Buffalo, Nueva York; Uvalde, Texas; Tulsa, Oklahoma y Filadelfia.

Ha habido más de 240 tiroteos masivos este año, una estadística sombría que sigue a la violencia armada, que está en su punto más alto en más de 20 años en 2020, de acuerdo con datos de los CDC.

Es un patrón que algunos doctores han notado incluso sin tener los números frente a ellos.

Heridas de pistola contra armas de asalto 

Las balas de armas de menor calibre, como las pistolas, generalmente perforan de forma recta un objetivo, dicen los expertos médicos. En comparación, las armas de mayor calibre, como las AR-15 utilizadas en muchos tiroteos masivos, pueden deshacer los órganos gracias a sus velocidades de proyectil más altas.

“Las armas de asalto… causan una condición llamada cavitación, que significa que conforme el proyectil perfora el tejido, crea una cavidad larga”, dijo el doctor Ian Brown, un cirujano de traumatología del UC Davis Health en Sacramento, California. “Y eso hace un montón de daño en el tejido, tanto durante el impacto como cuando el tejido comienza a necrosarse o muere”.

El daño es mucho mayor en niños, ya que el área de la superficie de sus órganos y arterias es más pequeña, dijo el doctor Joseph Sakran, director de cirugía general de emergencia en el Johns Hopkins Hospital en Baltimore.

El lugar donde impacta el proyectil es crítico, agregó el doctor Eric Savitsky, un especialista de medicina de emergencia en el UCLA Medical Center.

“Desde una perspectiva de supervivencia y morbilidad, donde ingresa la bala, ya sean (balas) de menor o mayor calibre, es el principal determinante de los resultados del paciente”, dijo.

Cómo es ingresar al hospital 

Cuando los paramédicos atienden a una persona que ha recibido un disparo, envían una notificación al hospital describiendo lo sucedido, el punto de la herida, los signos vitales, el estado del paciente y el tiempo estimado de llegada al hospital.

Una vez que llega el paciente, un equipo de trabajadores de la salud expertos en traumatología se reportan en la sala de emergencias y comienzan a atenderlo y estabilizarlo.

Con múltiples heridas de bala, los cirujanos identifican a las más graves y cuáles deberían ser de prioridad, dijo Savitsky.

“Todo esto ocurre típicamente en cuestión de minutos, a veces hasta en una hora desde que el paciente llega al departamento de emergencias”, dijo.

Para algunos pacientes, el caos en el hospital puede afectar en cómo responden, dijo Brown.

“Probablemente están aterrorizados después de que les dispararon, y ahora los estamos rodeando un montón de personas. Les estamos quitando toda la ropa para exponer sus cuerpos y encontrar todas las heridas y después vestirlos”, dijo. “Y esto ocurre muy rápido, y representa un tipo de trauma mental en sí mismo”.

Cómo es la recuperación para los sobrevivientes 

En el pasado, los cirujanos trataban las heridas y dejaban a los pacientes, dijo Brown. Pero entre las víctimas de tiroteos, las tasas de reincidencia, o la probabilidad de ser atacados de nuevo, son altas.

“Las condiciones para que te disparen ya están dadas, así que las probabilidades de que te vuelvan a disparar, en los próximos cinco años, son extremadamente altas”, dijo Brown. “E históricamente, la medicina no hizo nada para cambiar eso”.

En la última década, sin embargo, los hospitales han comenzado programas para las víctimas de disparos, de la misma manera en la que un paciente que sufrió un infarto recibe asesoría para cambiar su dieta y hábitos de ejercicio.

En el UC Davis Health, donde trabaja Brown, los pacientes tienen la opción de platicar con profesionales de intervención en violencia, muchos de los cuales han sido víctimas de disparos.

Para el próximo año, estos profesionales ayudarán a los pacientes con temas legales, problemas de salud mental, empleo y vivienda estable, ya que muchas víctimas de disparos tienen miedo de regresar a sus hogares si las heridas se produjeron allí o en lugares cercanos.

“Ponemos énfasis en el hecho de que estamos tratando a personas, no estamos tratando heridas de bala”, dijo Brown. “Y todo empieza ahí”.

Johns Hopkins tiene un programa similar.

Sakran lleva a los alumnos de preparatoria a recorridos por el centro de trauma y les da charlas sobre la violencia con armas.

Muchos de ellos escuchan a medias, dice, hasta que les cuenta que a los 17 años le dispararon en la garganta después de un juego de fútbol en la preparatoria.

“Como sobreviviente de la violencia con armas, tengo una experiencia única, pues conozco el otro lado del cuidado de estos pacientes gravemente heridos”, dijo.

Agregó: “Si alguien llega a mi centro de trauma con un disparo en la cabeza, hay muy poco que pueda hacer por esa persona. Así que el mejor tratamiento médico es la prevención. Creo que debemos empezar a pensar de esa manera sobre este problema de salud pública, para enfocarnos y desarrollar un sistema que haga menos probable que las personas resulten heridas o asesinadas , claro, hacer comunidades más seguras”.

Ha habido más víctimas de la violencia con armas en años recientes 

En 2020, un número récord de estadounidenses - 45, 222 - fueron asesinados por heridas de bala. Más de la mitad de estas muertes fueron suicidios, mientras que el 43% de ellas fueron asesinatos, de acuerdo con datos de los CDC.

Ese año tuvo la tasa más alta de violencia con armas de fuego desde mediados de la década 1990, con 13.6 muertes por disparo por cada 100,000 personas, según Pew Research Center.

Savitsky dijo que trató la mayor cantidad de víctimas de traumatismos penetrantes, o personas que fueron disparadas o apuñaladas, en la década de 1990 en Los Ángeles. Y dijo que probablemente trató el menor número de ese tipo de víctimas hace unos 5 o 10 años.

Pero la cifra se ha elevado recientemente. La unidad de UCLA actualmente trata cerca de 5 a 10 víctimas por disparo a la semana, dijo Savitsky.

“Anecdóticamente, se siente una sociedad tan violenta como la que hemos tenido probablemente en las últimas dos o tres décadas”, dijo. “ La cantidad de violencia de persona a persona - y no necesariamente solo con armas de fuego - es con cada tipo de objeto con el que puedas herir a alguien, ya sea un martillo o una pieza afilada de madera, un tubo o un cuchillo. Es cualquier cosa que una persona pueda tomar en sus manos, o cuando sus emociones o razón sacan lo mejor de ellos”.

Brown dijo que cuando comenzó a ejercer la medicina, los centros de trauma usualmente atendían víctimas de disparos los viernes y sábados.

“Y después, lentamente, se convirtió en algo que ocurría casi todos los días. No había un día en específico en el que pensaras que no iba a ocurrir”, dijo.

Brown dijo que él atiende de una a tres víctimas de disparos por noche en las pocas semanas al mes que trabaja en el turno de trauma.

En Baltimore ha habido más de 300 homicidios durante siete años consecutivos. En 2021, 293 de 338 homicidios fueron por disparos, de acuerdo con The Baltimore Sun.

Para Sakran, toda la violencia con armas no se puede abordar de la misma manera.

“La solución para las ciudades urbanas podría ser diferente que si se tratara de la parte suicida de la violencia con armas, o si estás lidiando con heridas no intencionales de la violencia con armas”.

“Requiere, ya sabes, un enfoque multifacético que atraviese los sectores, y parte de eso… en ciudades urbanas se está intentando entender cómo abordar las estructuras e instituciones sociales que dañan a las personas al impedirles satisfacer sus necesidades básicas”, dijo.

El impacto en quienes rodean a las víctimas de la violencia con armas 

Familias. Testigos. Trabajadores de primera línea.

El efecto de los tiroteos puede reverberar en toda una comunidad, algo que los doctores Brown, Sakran y Savitsky han experimentado de primera mano en sus décadas de carrera.

“Es difícil entrar a una sala de espera y hablar con los padres y madres, y darme cuenta de que lo que estoy por hacer - cuando no pudimos salvar al paciente - es darles la peor de las noticias, que ningún padre o ser querido quisiera escuchar”, dijo Sakran. “Es la peor parte de mi trabajo”.

El apoyo continuo a esos familiares es esencial, dijo.

Sakran hizo referencia al trauma que enfrentan los testigos, como Miah Cerrillo, una superviviente de 11 años del tiroteo escolar de Uvalde, Texas, que se cubrió en la sangre de su compañero para hacerse pasar por muerta.

Los doctores también han tenido que lidiar con el impacto que el tratamiento del trauma ha tenido en ellos mismos.

“Puede ser desensibilizante”, dijo Brown. “Creo que es debido a que estamos tratando de protegernos a nosotros mismos de la carga emocional, y del daño moral que viene asociado con tratar a pacientes todos los días. Es muy difícil”.

“Creo que todos tratamos de recordar que es un ser humano al que estamos cuidando. Y solo por hacerlo, también nos afecta a nosotros”, dijo.

Una parte importante del trabajo es encontrar la manera de compensar lo malo, dijo Savitsky.

“Necesitas hacer un esfuerzo consciente para encontrar un balance en tu vida, encontrar otra manera de llevarte a un buen lugar mental que te permita avanzar y ser una fuerza positiva y empática, y proveer la compasión y cuidado que cada uno de esos pacientes necesita, porque es difícil ver tanto dolor y sufrimiento a lo largo de los años y que no te afecte como persona”, dijo.

Pero, el orgullo que viene con salvar vidas es inmensurable.

“Cuando ves una vida a salvo, es una recompensa increíble ver a alguien recuperarse y comenzar de nuevo con una segunda oportunidad”, dijo Brown.

Esta nota fue traducida por Texas Public Radio con apoyo de Gabriela Olivares, Roberto Sierra, Francisco Marín e Yvette Benavides, para NPR y The Texas Newsroom. Haga clic aquí para más cobertura de Uvalde en español.

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