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Para Los Mexicoamericanos, La Doble Ciudadanía Puede Ser Un Acierto O Un Error

Un mural que muestra íconos históricos mexicanos, puertorriqueños, nativo-americanos y afro-americanos se exhibe cerca del corredor industrial de Walker Square en Milwaukee en septiembre de 2020.
Sebastian Hidalgo/REUTERS/X07377
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Un mural que muestra íconos históricos mexicanos, puertorriqueños, nativo-americanos y afro-americanos se exhibe cerca del corredor industrial de Walker Square en Milwaukee en septiembre de 2020.

Durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, mismos que la pandemia retrasó hasta este verano, un incidente que involucró al equipo de softbol femenino de México - incluidas dos atletas de Texas - desató un escándalo.

La controversia expuso un enigma que enfrentan muchos mexicoamericanos: la división provocada por su identidad. El biculturalismo y la doble ciudadanía están cambiando: la globalización no solo afecta a los campos deportivos... También impacta al ámbito social.

El himno nacional mexicano sonó en la apertura de un partido de softbol entre México y Canadá. Los equipos compitieron por la medalla de bronce. Pero muchas de las jugadoras de México no cantaron el himno. Diecisiete de las 19 atletas procedían de Estados Unidos. Poseían la doble ciudadanía.

Durante el juego, el comentarista de Claro Sports, Roberto González, señaló que al principio nadie en México tenía grandes esperanzas en el equipo. Pero sus constantes victorias, acercándolo al podio olímpico, lo habían hecho más popular.

Al final, la selección mexicana cayó ante Canadá, perdiendo la oportunidad de que México ganara su primera medalla olímpica en softbol. Pero los medios la apoyaron.

"Bien hecho por las mexicanas", dijo el analista deportivo Kony Vargas. "Su esfuerzo fue más que suficiente para ganar su popularidad y respeto".

Esa buena voluntad no duró mucho. El equipo de boxeo femenino de México tuiteó que muchas de las jugadoras de softbol habían tirado sus uniformes mexicanos antes de salir de Tokio.

El analista mexicano de Fox Sports, Fernando Schwartz, afirmó al aire que estaba indignado por las acciones del equipo de softbol. Dijo que era una falta de respeto hacia México y otros mexicanos, y particularmente hacia otros atletas olímpicos de origen humilde, como las boxeadoras que las expusieron.

En las redes sociales, algunas personas defendieron a las jugadoras, argumentando que tirar los uniformes no era excusa para atacarlas, y que habían demostrado ser deportistas de primer nivel independientemente del lugar donde nacieron o se criaron.

Pero otros publicaron que tirar los uniformes era una acto traicionero y ofensivo. Algunas las atacaron llamándolas integrantes de un equipo de softbol de Estados Unidos de segunda clase o un grupo de mocosas estadounidenses malcriadas y ricas. El presidente del Comité Olímpico de México también consideró vergonzoso e irresponsable el incidente.

La federación de softbol ofreció una disculpa pública, argumentando que las restricciones de peso del equipaje obligaron a las atletas a desechar sus uniformes. Y algunas de las jugadoras de softbol se disculparon y decidieron dejar el equipo nacional.

La federación de softbol de México no respondió a las solicitudes de comentarios de TPR.

“El problema no es qué tan bueno o malo es tirar los uniformes, sino el valor que se le da a esos objetos”, argumentó José Antonio Carrera, investigador en sociología y experto en ciudadanía transnacional de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

El académico señaló que, para los atletas nacidos y criados en Estados Unidos, los objetos probablemente no eran tan importantes simbólicamente como el hecho de ser competidores olímpicos.

“A medida que las fronteras se difuminan, más personas comparten dos gobiernos, territorios o culturas”, dijo Carrera.

Y símbolos nacionales como himnos, banderas o, en este caso, uniformes, pueden estar perdiendo su valor nacional unificador en comparación con otros, como la comida, la familia o los deportes.

“Y alerta: ni Estados Unidos ni México han podido responder a las migraciones de una manera totalmente democrática”, agregó Carrera.

Explicó que la doble ciudadanía se ha quedado a expensas de la xenofobia y la discriminación en ambos lados de la frontera y, a veces, con menos oportunidades.

"Y si México no tiene capacidad para desarrollar el softbol, ¿por qué no intentar reclutar atletas mexicano-estadounidenses, al igual que los equipos de futbol profesional de ambos países reclutan jugadores binacionales?" Cuestionó Carrera.

También comentó que la ciudadanía transnacional económica fluye continuamente a través de inversiones y remesas, pero los aspectos políticos parecen estancados.

Según los últimos datos del Pew Research Center, había casi 37 millones de personas de origen mexicano viviendo en Estados Unidos en 2017. Solo el 31% de ellos eran mexicoamericanos.

Si bien la mayor parte del electorado mexicano en el extranjero está en Estados Unidos, la mayoría no participa. Solo alrededor de 76,000 de ellos votaron durante las elecciones presidenciales mexicanas en 2018.

“Aquellos que pueden obtener la doble ciudadanía deben aprovecharla como una oportunidad que, a pesar de su infravaloración histórica, puede mejorar a ambas naciones”, destacó Carrera.

“Creo que la doble ciudadanía no hace lo suficiente para reconocer que hay raíces y relaciones culturales”, afirmó Richard Pineda, director del Centro Sam Donaldson de Estudios de Comunicación de la Universidad de Texas en El Paso. Pineda se especializa en inmigración y latinidad en los Estados Unidos.

Además, el investigador explicó que la identidad de las personas con dos culturas se ve afectada por cómo se mezclan sus orígenes, pero también por prejuicios, como los que pueden experimentar los mexicanos en Estados Unidos, o como los que enfrentaron las jugadoras de softbol.

“Siempre bromeo con mis alumnos con lo que llamo la doctrina de Selena”, dijo.

Pineda se refirió a una escena del biopic de Selena, en la que el padre de la cantante tex-mex, interpretado por Edward James Olmos, le habla a su hija sobre la identidad: “Llegamos a ser más mexicanos que los mexicanos y más estadounidenses que los estadounidenses, ambos al mismo tiempo. Es agotador. ¡Maldita sea! Nadie sabe lo difícil que es ser mexicoamericano”.

Y Pineda, cuya familia vino de México hace décadas, dijo que esas palabras resonaron entre muchos mexicoamericanos, incluido él ... y probablemente también en las jugadoras de softbol olímpico. Pero, agregó que también pudo entender las reacciones polarizadas que muchos mexicanos mostraron hacia las deportistas porque los Juegos Olímpicos, como muchos deportes, tienden a volverse muy nacionalistas.

“Como alguien que también estudia comunicación de crisis, habría dicho que eso es lo último que quieres hacer”, advirtió. “Quiero decir, encontrar la manera de enviar esos uniformes a casa, francamente, porque algo como esto es vergonzoso en el mínimo sentido. Y en un momento en el que todo el mundo está tratando de dar lo mejor de sí mismo y representar a su país, ya sea su país de origen, el país de adopción o el país de sus padres, pequeñas cosas como estas tienen mucho peso".

Pineda comentó que, si bien Estados Unidos se mostró reacio a abrir fronteras, México mostró poco interés en atraer ciudadanos con doble ciudadanía. Dijo que países como Irlanda o España han intentado conectarse con muchas generaciones de sus ciudadanos al tiempo que ofrecen algo atractivo, como educación gratuita.

“El desafío siempre va a ser: cuanto más politizado sea, es menos probable que tengamos un estado-nación más fluido”, planteó.

Pero a pesar de las barreras, Pineda concluyó que la población bicultural siempre enriquecerá a los dos países con un sentido de identidad diferente, uno que va y viene de ambos lados.

En ese tipo de juego, todos salen ganando.

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