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La Trampa Del Asilo: Historias De Migrantes Obligados A Esperar En México Mientras Buscan Asilo

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Paul Ratje para KERA
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KERA News
Carolina, César y Donovan, de Nicaragua, visitan un parque en Ciudad Juárez el 16 de septiembre de 2020. La familia llegó a la frontera en busca de seguridad luego de recibir amenazas por parte de grupos paramilitares involucrados con el Gobierno de Nicaragua, pero su caso de asilo fue eventualmente denegado. En la actualidad están intentando apelar.

Miles de solicitantes de asilo viven en ciudades fronterizas mexicanas mientras sus casos son revisados en el tribunal de inmigración de los Estados Unidos, debido a la política “Permanecer en México,” de la administración Trump. Esta serie se basa en familias solicitantes de asilo en Ciudad Juárez, México, atrapadas en un limbo legal durante una pandemia global.

Carlo está considerando enviar a sus hijas, solas, a través de la frontera entre Estados Unidos y México, para que ya no estén “atrapadas en cautiverio.”

Levis no ha llevado a sus hijas a jugar al parque hace más de un año, aterrorizada de que sean secuestradas.

César y Carolina le dijeron a su pequeño hijo que están viajando por el mundo como turistas, pero no saben cómo explicar por qué han pasado tanto tiempo en el mismo lugar.

Estas son algunas de las familias que están viviendo en el limbo en Ciudad Juárez, justo al otro lado de la frontera con El Paso. No usamos los nombres completos de los migrantes en este reportaje porque ellos enfrentan un proceso migratorio y tienen miedo de que el compartir información pueda afectar el fallo de su caso.

Fueron enviados hasta México para esperar mientras sus casos de asilo son analizados en un tribunal de inmigración en Estados Unidos, bajo una política de la administración de Trump llamada “Permanecer en México.” Peor aún, la pandemia del coronavirus apareció de golpe, y sus citas ante el tribunal han sido pospuestas una y otra vez.

Ahora, estas familias se enfocan en una fecha diferente: el 3 de noviembre. Esperan que un nuevo gobierno pueda ponerle fin a la política migratoria actual, y permitirles ingresar a los Estados Unidos, para esperar con sus familiares y amigos su día de presentación ante el tribunal. Hasta ahora, no quieren pensar en lo que harán si el presidente Trump es reelecto.

“Todavía tenemos que mantener alguna esperanza para cruzar la frontera,” dijo César.

“Nos Regresaron A Un País Que No Conocemos”

En enero de 2019, la administración Trump lanzó “Permanecer en México,” una medida llamada oficialmente Protocolos de Protección al Migrante, o MPP por sus siglas en inglés. En ese momento, el Departamento de Seguridad Nacional dijo que la nueva política “proporcionaría un proceso más seguro y ordenado que desalentaría a las personas que intentan entrar de manera ilegal, haciendo afirmaciones falsas para permanecer en Estados Unidos.”

Desde entonces, el gobierno federal ha enviado a más de 60,000 solicitantes de asilo a esperar la resolución de sus procedimientos legales en ciudades fronterizas como Juárez.

Mark Morgan, comisionado interino de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, calificó la política como un cambio de estrategia.

“Básicamente, hemos terminado con la captura y liberación,” dijo en una rueda de prensa el pasado mes de octubre. “Si ahora vienes a nuestras fronteras con un niño, ya no es un pasaporte inmediato hacia el interior de los Estados Unidos.”

César, quien huyó de Nicaragua con su esposa y su hijo de ocho años para ese entonces, Donovan, dijo que el nombre de la política es engañoso.

“Yo no entiendo eso del MPP, ‘Protección al Migrante’,” explicó durante una tarde calurosa, sentado junto a Carolina en su cama en el refugio para migrantes Pan de Vida. “¿Cuál es la protección que nos dan? Supuestamente nos mandan a un albergue, o ni siquiera eso, nos tiran a la calle como si fuéramos basura, una caja vacía de leche. Incluso botan a niños con sus mamás.”

César, de 35 años, su esposa Carolina, de 25, y su hijo Donovan, de 9, frente a su casa compartida en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Ciudad Juárez, México.
Paul Ratje para KERA
César, de 35 años, su esposa Carolina, de 25, y su hijo Donovan, de 9, frente a su casa compartida en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Ciudad Juárez, México.

La familia abandonó su hogar en Xalapa, cerca de la frontera con Honduras, en junio de 2019. César trabajaba como taxista, un empleo que eventualmente lo puso en riesgo. Cuando el presidente Daniel Ortega propuso recortar la seguridad social, los taxistas ayudaron a liderar las protestas populares contra el Gobierno. Las fuerzas de seguridad respondieron con una represión violenta, asesinando a más de 300 personas.

César narró que fue atacado físicamente por grupos paramilitares en dos ocasiones mientras conducía su taxi, una vez con su esposa y su hijo en el auto. Cuando comenzaron a rodear su casa, tratando de entrar, decidió que era momento de irse del país.

Muchos nicaragüenses han huido hacia Costa Rica, pero César y Carolina creyeron que los Estados Unidos podría ofrecerles asilo político. La administración Trump ha condenado el régimen de Ortega por su violenta represión de la oposición política.

César explicó que él y su esposa sintieron un alivio inmediato cuando llegaron a la frontera México-Estados Unidos, después de pasar semanas viajando.

“Miramos a los policías de verde y nos sentimos protegidos,” recordó César, refiriéndose a los agentes de la patrulla fronteriza. “Por primera vez, desde todos esos años que tuvimos problemas, nos sentíamos protegidos.”

Pero el alivio duró poco. La familia pasó una revisión inicial para determinar si tenían un miedo creíble de ser agredidos en Nicaragua. Recibieron el papeleo con la fecha de su primera audiencia. Pero luego, fueron enviados al otro lado de la frontera, a Ciudad Juárez.

“Nos regresaron a un país que no conocemos,” señaló César.

Esta era una ciudad en la que no tenían familia, a diferencia de los Estados Unidos, donde un primo se había ofrecido a ayudarlos a establecerse mientras atravesaban por el proceso de asilo, y donde además era difícil tener apoyo legal. En ese lugar se sentían como un objetivo.

“Para personas como nosotros, los migrantes, es un riesgo porque la gente de aquí inmediatamente identifica a quienes no son de acá,” comentó Carolina. “Por nuestro acento. Por nuestra forma de caminar.”

Un reporte de Human Rights First encontró más de 1,000 casos de violencia contra migrantes en los MPP los cuales fueron denunciados públicamente en mayo, incluyendo secuestros, torturas, violaciones y asesinatos.

César y Carolina pasaron varios meses en otro refugio para migrantes, en el que, según dijeron, fueron maltratados, y eventualmente terminaron en Pan de Vida.

El refugio está conformado por pequeñas casas amarillas, distribuidas en círculo alrededor de un patio de arena. Su pequeña vivienda tiene dos recamaras privadas y un espacio común, con varias literas donde duermen otras familias.

De acuerdo con el director del refugio, cerca de 140 migrantes viven en el refugio, una cifra menor en comparación con los cerca de 360 que había antes del pico de la pandemia.

Durante una tarde a finales del verano, la pareja preparó el almuerzo en su cocina compartida, cortando papas y cebollas durante un momento muy agitado. Los niños entraban y salían correteando, y una de sus compañeras de casa, la estilista no oficial del refugio, estaba sentada cerca pintándole las uñas a otra residente.

Estaban preparando carne enchorizada, un plato tradicional nicaragüense que brinda un agradable sabor de hogar para Donovan. Él no se ha acostumbrado al sabor picante de la comida mexicana.

“Siento como que no puedo comer el chile que está en mi boca,” dijo, abanicando su lengua como si se estuviera quemando.

Donovan es un niño alegre con hoyuelos en sus mejillas. Cuando los visitantes pasan por el refugio, les ofrece rápidamente un vaso de leche con sabor a fresa y su juguete favorito, un trompo, enseñándoles cómo hacerlo girar y recogerlo con sus manos.

Sus padres hacen todo lo posible para protegerlo de su situación real.

“Nosotros no le inculcamos cosas negativas a él,” puntualizó César. “Le decimos que andamos de paseo como turistas, conociendo nuevas personas y lugares.”

Donovan se recuesta sobre la espalda de su padre César en un parque en Juárez
Paul Ratje para KERA
Donovan se recuesta sobre la espalda de su padre César en un parque en Juárez

Pero luego Donovan pregunta por qué pasan tanto tiempo en Juárez, en lugar de irse a ver otros lugares. César simplemente le dice que todo toma su tiempo.

César intenta no demostrarle a su hijo qué tan asustado está, y lo atrapado que se siente.

“Si yo me voy para mi país, me van a matar,” expuso César. “Si estoy en México, corro el riesgo de que secuestren a mi hijo. Corro el riesgo de que secuestren a mi esposa.”

En todo el refugio Pan de Vida, donde viven alrededor de 140 migrantes, los padres batallan para explicarle la situación a sus hijos.

“Mi hijo pregunta, ‘¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué no podemos irnos a casa?,’” dijo Cinthia, una ciudadana de Honduras y solicitante de asilo que ha estado en el refugio por más de un año con su hijo de seis años de edad.

“Yo le muestro vídeos de los Estados Unidos para que se emocione por estar allá,” dijo.

Ella no le explica la razón por la que dejaron su país. Sobre la pandilla que, según comentó, mató a dos de sus hermanos y que luego la persiguió. No quiere asustarlo.

Y ella no puede decirle cuándo podrían ingresar a Estados Unidos, ahora que las audiencias de asilo han sido pospuestas indefinidamente.

“Atrapados En El Purgatorio Legal”

Durante una fría mañana de marzo, Cinthia abrigó a su hijo y se dirigió a un puente fronterizo entre Juárez y El Paso, lista para comparecer ante un tribunal de inmigración, pero se enteró que las audiencias habían sido canceladas.

Cabizbaja, Cinthia se unió a la larga lista de solicitantes que esperaban hablar con los oficiales estadounidenses, y recibir una nueva cita ante el tribunal.

Su hijo notó que las personas pasaban junto a ellos, cruzando libremente el puente, y preguntó a dónde iban.

“A los Estados Unidos,” recuerda Cinthia haberle dicho.

“¿Por qué no podemos cruzar así?” Preguntó.

Ella le explicó que tienen que esperar el permiso de los Estados Unidos.

“Mira, ahorita estamos sacando un permiso de México,” le dijo. “Tenemos que tener permiso para estar acá, sino nos mandan para Honduras. Y tenemos que esperar un permiso para estar en Estados Unidos.”

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Paul Ratje para KERA
Cinthia, de 24 años, de Honduras, está alojada en el refugio migratorio Pan de Vida, en Juárez, mientras espera la resolución de su caso. Como muchos migrantes, su caso de asilo se ha retrasado debido a la pandemia.

Se suponía que esa audiencia de marzo los acercaría, pero fue reprogramada para agosto.

Luego llegó agosto, y recibió una nueva fecha: el 3 de febrero de 2021.

La audiencia de Cinthia, que apenas es uno de los diversos pasos en el proceso de asilo, ahora fue retrasada casi un año.

“Hasta ahora hay varias personas a las que se les ha reprogramado su cita de tres a cuatro veces ante el tribunal,” dijo Taylor Levy, una abogada de inmigración de El Paso.

Durante meses, Levy pasó sus mañanas en la base del puente internacional Paso del Norte. Cuando los solicitantes de asilo se presentaron ante el tribunal, ella gentilmente les dio la noticia de que las audiencias habían sido pospuestas. Esta no es una parte oficial de su trabajo, ella simplemente sintió que alguien debía estar ahí, para decirle a las personas lo que estaba sucediendo antes de que recibieran nuevas citas por parte de los oficiales de inmigración para acudir al tribunal.

Estas interacciones usualmente tenían lugar mientras todavía estaba oscuro, los migrantes con audiencias ante la corte para las 9 a.m. recibieron instrucciones de llegar al puente a las 4:30 a.m. Las conversaciones podían ser desgarradoras, dijo Levy, especialmente con las familias que asistían a sus audiencias finales, pensando que sería su último día en México.

Ella recuerda a un niño, de unos 8 años, que llegó vestido con un traje, jalando una gran maleta.

“Tuve que decírselo a su mamá, quien se quebró y comenzó a llorar al escuchar que no habría audiencia ante el tribunal, que no era su última cita,” ejemplificó.

Estos aplazamientos hubiesen sido devastadores sin importar la situación, dijo Levy, pero el gobierno federal podría haber puesto en libertad condicional a los solicitantes de asilo dentro de los Estados Unidos, cuando la COVID-19 apareció de golpe, para que así pudiesen refugiarse con sus familiares u otros patrocinadores mientras esperaban a que el tribunal reabriera. En lugar de eso, están atrapados por más tiempo en condiciones peligrosas.

En julio, el gobierno federal presentó sus planes para reanudar las audiencias de los MPP, incluyendo los requisitos que deben cumplir ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México para que los procedimientos judiciales se consideren seguros. Los estados mexicanos fronterizos como Chihuahua deben alcanzar el estatus “amarillo,” mientras que estados como Texas deben llegar a la Fase 3 de sus planes de reapertura.

“Hay muchas personas atrapadas ahora mismo en un purgatorio absoluto,” dijo Will Rocci, cofundador de Seguimos Adelante, una de las pocas organizaciones sin fines de lucro que continúa brindando apoyo directo en el lugar durante la pandemia, para los solicitantes de asilo en Juárez. “Ellos están atrapados tanto en un purgatorio físico, como en un purgatorio legal. No están en el lugar en el que quieren estar, pero no pueden regresar a donde estaban.”

La desesperación ha llevado a algunos a renunciar al proceso legal, o a regresar a sus países de origen. Otros han intentado cruzar la frontera de nuevo, sin ser capturados.

Levis, una mujer de Honduras que busca asilo en los Estados Unidos, junto a su hijo en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Juárez, el 26 de agosto de 2020.
Paul Ratje para KERA
Levis, una mujer de Honduras que busca asilo en los Estados Unidos, junto a su hijo en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Juárez, el 26 de agosto de 2020.

Levis, una solicitante de asilo hondureña cuya audiencia fue reprogramada para abril de 2021, dijo que ha considerado esa segunda opción.

“No voy a mentir,” dijo. “Yo he pensado en tratar de cruzar de otra forma.”

Es difícil saber cuántas personas han dejado de esperar en ciudades como Juárez.

El esposo de Levis y otra de sus hijas ya están en los Estados Unidos, ellos abandonaron Honduras primero, y llegaron antes de que la administración de Trump implementara los MPP.

Ahora, la familia está separada por una estrecha franja del Río Bravo, y una de las políticas de inmigración emblemáticas de la administración de Trump.

Levis ha estado alojada en el refugio Pan de Vida durante más de un año con sus otros tres hijos, quienes tienen entre 5 y 14 años de edad.

“No le voy a mentir, todos los que estamos aquí nos desesperamos,” dijo. “Imagínese estar un año encerrados en este lugar sin poder salir a ningún lado,” por miedo a ser secuestrados o asesinados.

“Vivimos como prisioneros en este lugar,” continuó. “Mis hijos tienen un año sin salir a algún lugar, a un parque, a divertirse, a volver a ser felices. No es vida la que tenemos aquí en este lugar”.

Pero Levis dijo que tiene que calcular diferentes riesgos. Ella sabe que cruzar el desierto es peligroso, que su hijo pequeño y sus dos hijas tal vez no sobrevivan.

Ella se emocionó mientras hablaba, secándose las lágrimas. Su hijo, quien había estado jugando afuera, entró para refrescarse y se acomodó sobre sus piernas. Pasó su pequeño brazo alrededor de su cuello, y puso su mejilla junto a la de ella.

Por ahora, Levis dijo que prefiere esperar aquí, tratando de crear momentos divertidos para sus hijos cuando puede.

Su hijo menor cumplió cuatro años durante su viaje a la frontera de los Estados Unidos, no hubo una oportunidad real para celebrar. Por eso, recientemente organizó en el refugio una gran fiesta con temática de dinosaurios para su cumpleaños número cinco.

Una artista talentosa hizo tiranosaurios y velociraptores de cartulina, y luego los pegó en la pared, formando un hermoso mural hecho a mano.

“Ha pasado mucho tiempo sin ser feliz,” subrayó. “Quería que tuviese un día especial”.

Ella espera que su situación cambie antes del próximo cumpleaños de su hijo. Su hija mayor cumplirá 15 años en abril. Levis quiere darle una verdadera fiesta de quinceañera, fuera del refugio y con su familia.

“La Última Cosa Que Piensas Intentar”

Mientras algunos padres quieren intentar cruzar la frontera sin ser detectados, viajando a través de un terreno desértico y remoto, o escalando el muro fronterizo, otros están considerando otra opción, antes impensable: enviar a sus hijos solos al otro lado de la frontera.

“Debido a la situación aquí en México, viéndolas sufrir y sufrir, esa idea loca pasa por mi cabeza,” dijo Carlo. Él es de Brasil y ha estado viviendo desde febrero en el refugio El Buen Samaritano, en Juárez, con sus dos hijas.

“Simplemente es demasiado sufrimiento para ellas, estar atrapadas en cautiverio día y noche, día y noche. Es la última cosa que piensas intentar.”

Carlo y sus dos hijas en el refugio para migrantes El Buen Samaritano, en Juárez, el 30 de septiembre de 2020. La familia cruzó la frontera por Mexicali, México, pero fueron enviados a Juárez para esperar el proceso judicial de Protocolos de Protección al Migrante.
Paul Ratje para KERA
Carlo y sus dos hijas en el refugio para migrantes El Buen Samaritano, en Juárez, el 30 de septiembre de 2020. La familia cruzó la frontera por Mexicali, México, pero fueron enviados a Juárez para esperar el proceso judicial de Protocolos de Protección al Migrante.

Carlo dijo que sus hijas son unas niñas muy dulces que han estado luchando para adaptarse. Especialmente la más pequeña, una pequeña de 5 años con suaves rizos color castaño que caen por su espalda.

“Ahora ella está actuando más como una bebé,” dijo. “Está mojando la cama nuevamente y llora por todo. Creo que estos comportamientos, mojar la cama, tener pesadillas, despertarse llorando a medianoche, todo es parte de lo que hemos tenido que pasar.”

Los brasileños estaban originalmente exentos de los MPP, sólo los migrantes de países hispanohablantes estaban incluidos en el programa. Pero unas semanas antes de que Carlo se fuera, la administración de Trump extendió la política para incluir a los brasileños. Independientemente de dónde cruzaran la frontera, muchos fueron enviados a Juárez.

Ahora, las hijas de Carlo preguntan constantemente cuándo podrán salir del refugio y ver a su madre, quien ya está en los Estados Unidos. Tienen muchas preguntas sobre la ciudad en la que ella vive. ¿Nieva allá? ¿Hay playas?

Carlo dijo que llegó a su límite en septiembre, cuando se enteró de que su audiencia había sido reprogramada por tercera vez.

“Me derrumbé,” dijo. “Pensé que si iba a esa audiencia, podría cruzar”.

En ese momento, comenzó a pensar en la idea de enviar a sus hijas al otro lado de la frontera sin él. Ese sería un último recurso, destacó, con evidente desesperación.

Otras familias han hecho esto antes. En enero, incluso antes de que la pandemia comenzara, CNN reportó que al menos 350 niños habían cruzado la frontera solos, luego de vivir en México.

Antes de la COVID-19, los niños sin compañía de un adulto recibían protección especial. El Gobierno de los Estados Unidos no podía deportarlos de manera inmediata, o enviarlos de regreso a México. Por lo general, eran ubicados en refugios para jóvenes, y luego entregados a parientes o patrocinadores en los Estados Unidos mientras continuaban con sus casos de asilo.

Pero durante la pandemia, el Gobierno de los Estados Unidos empezó a expulsar rápidamente a menores, subiéndolos en aviones y enviándolos, solos, de regreso a sus países de origen.

La administración de Trump dice que están tratando de prevenir la propagación de la COVID-19, y tienen la autoridad para llevar a cabo estas expulsiones debido a una orden de salud pública emitida en marzo.

Pero la AP reportó recientemente que los expertos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, inicialmente se negaron a emitir la orden, diciendo que no había evidencia de que frenaría el coronavirus. La agencia sólo cambió su curso cuando intervino el vicepresidente Mike Pence.

El Proyecto de Derechos de los Inmigrantes de la ACLU, presentó recientemente una demanda colectiva impugnando la rápida expulsión de niños. A medida que se desarrolla la disputa, los defensores de esta área están tratando de advertirle a las familias sobre el riesgo inherente de enviar a sus hijos solos a través de la frontera.

“Una de las cosas más importantes que estamos tratando de transmitirle a la gente, de manera constante, es lo increíblemente peligroso que es esto,” dijo la abogada de inmigración Taylor Levy. Ella explica que es posible que los niños no lleguen de manera segura a los Estados Unidos, e incluso si lo hacen, “hay enormes posibilidades de que su hijo sea enviado de regreso a Honduras, o enviado solo a El Salvador.”

Carlo y sus hijas revisan la ropa que está secándose en el refugio para migrantes El Buen Samaritano, en Juárez.
Paul Ratje para KERA
Carlo y sus hijas revisan la ropa que está secándose en el refugio para migrantes El Buen Samaritano, en Juárez.

Pero las familias están desesperadas. Levy dijo que ha escuchado historias sobre niños pequeños que intentan quitarse la vida, y adolescentes que pasan semanas en cama, afectados por la depresión.

Ha comenzado a llamar a los MPP “Separación Familiar 2.0”: el Gobierno creó una situación tan terrible, que los padres creen que la mejor opción es enviar a sus hijos por la frontera sin ellos, sabiendo que podrían no volver a verlos jamás.

Levy dijo que las familias incluso le han suplicado que lleve a sus hijos al otro lado de la frontera, convencidos de que su estatus, como abogada blanca nacida en los Estados Unidos, ofrecerá protección.

“Las personas me dicen directamente, ‘eres blanca, ¿no puedes llevar a mi hijo de cinco años al otro lado de la frontera? Tómalos y diles, por favor estadounidenses, por favor ayúdenlos. Ellos entenderán’,” dijo. “Y el hecho de que tantas personas diferentes me rueguen que me lleve al hijo de alguien, una y otra vez, ha sido realmente impactante.”

Por su parte, Carlo sigue considerando la idea. Algunas veces cree que vale la pena el riesgo, pero luego se cuestiona.

Si supiera de alguien que, de manera segura, pueda entregarle sus hijas a su madre, lo haría. Ellas podrían estar con ella para Navidad, y celebrar su cumpleaños. Dos fechas que no quiere que pasen en el refugio.

Ha tratado de abordar el tema delicadamente con sus hijas, pero dijo que se asustan.

“Ellas tienen miedo de estar sin mí,” dijo. “Tanto, que para que mi hija, la menor, pueda dormir toda la noche, debe estar a mi lado. Si voy al baño a bañarme, llora. Tengo que devolverme y dormir con ella. Así que es algo que realmente no he hablado con ellas. No creo que estén de acuerdo.

Dijo que la única forma en la que ellas puedan estar de acuerdo, es si tanto él como su esposa les aseguran que llegarán hasta donde está ella de manera rápida y segura. Pero él sabe que no puede ofrecerles esa seguridad.

Colgando La Esperanza En La Elección

Muchas familias esperarán que pase el 3 de noviembre para tomar decisiones sobre sus próximos pasos.

“Cambiar al presidente obviamente cambia las políticas,” dijo José, un exenfermero que huyó de la persecución política en Nicaragua.

Cuando dejó su país, José estaba solo. Pero en Juárez, conoció a otra solicitante de asilo: una mujer guatemalteca con una dulce sonrisa.

“Nos hemos relacionado muy bien,” dijo. “Nunca pensé encontrarme a una persona así que concordara conmigo”.

Se enviaban mensajes constantemente. Él le trajo chocolates y un poco de su comida favorita. Eventualmente, se mudaron juntos, compartiendo una habitación en un refugio para migrantes. Actualmente están comprometidos y esperan un hijo.

Pero debido a que sus casos de asilo se encuentran en diferentes etapas, su futuro es incierto.

José, de 27 años, trabajaba como enfermero en Nicaragua, pero se fue tras recibir amenazas por parte de las fuerzas paramilitares. Ahora se aloja en el refugio Pan de Vida con su nueva prometida mientras espera una decisión sobre su caso de asilo bajo el programa Protocolos de Protección al Migrante.
Paul Ratje para KERA
José, de 27 años, trabajaba como enfermero en Nicaragua, pero se fue tras recibir amenazas por parte de las fuerzas paramilitares. Ahora se aloja en el refugio Pan de Vida con su nueva prometida mientras espera una decisión sobre su caso de asilo bajo el programa Protocolos de Protección al Migrante.

“Mucha gente ha escuchado eso, dependiendo de cómo resulte la elección, potencialmente los MPP podrían terminar,” advirtió Will Rocci de Seguimos Adelante. “Creo que esa es la mayor esperanza a la que mucha gente se aferra en este momento.”

La esperanza no es sólo que sus audiencias se reanuden, sino que se les permita entrar a los Estados Unidos y esperar sus procedimientos legales en un lugar más seguro, con familia o amigos. También esperan tener una mayor oportunidad de obtener el asilo, porque tendrán acceso a mejor asesoría legal, y la capacidad de presentar sus casos en tribunales con mejores probabilidades.

Los tribunales de inmigración de El Paso tienen algunas de las tasas de denegación de asilo más altas en el país, y todos los jueces, menos uno, niegan más de 90% de los casos.

“Sus posibilidades de obtener asilo, en igualdad de condiciones, probablemente mejorarían significativamente” si a los migrantes se les permitiese ingresar al país y cambiar la sede del tribunal, dijo Nicolas Palazzo, un abogado del Centro de Defensa de Inmigrantes de Las Américas.

Durante su campaña para la reelección, el presidente Trump ha insistido en proponer restricciones más severas a la inmigración.

Mientras tanto, el candidato presidencial por el partido demócrata, Joe Biden, se ha comprometido a ponerle fin a los MPP dentro de sus primeros cien días en el cargo.

Pero en cuanto a cómo exactamente la nueva administración podría deshacerse del programa, “esa es la pregunta de los $64,000 dólares,” subrayó Palazzo.

“Estamos hablando de miles de personas,” dijo. “Por eso, yo no espero que la última semana de enero las puertas estén abiertas y que la gente simplemente pueda entrar.”

Sarah Pierce, del Instituto de Política Migratoria, declaró: “Asumiría, por lo menos, que la administración consideraría otorgar libertad condicional a las personas en los MPP, para que así puedan esperar sus procedimientos de asilo dentro de los Estados Unidos.”

Pierce es una analista de políticas del grupo de expertos no partidistas. Recientemente ayudó a catalogar más de 400 acciones ejecutivas que ha tomado la administración Trump relativas a la inmigración, desde intensificar el control fronterizo, hasta recortar las visas de refugiados.

Pierce dijo que, debido a que los MPP fueron tratados como una política, “en realidad, sólo un memorando”, puede ser más fácil de revertir que otros cambios en el proceso de asilo.

Sin embargo, dijo que una nueva administración no podría simplemente deshacer todo lo que ha hecho la administración Trump, debido a desafíos tanto regulatorios como logísticos.

Los MPP también están siendo impugnados en los tribunales. El 19 de octubre, la Corte Suprema anunció que revisará la política. La administración Trump apeló una decisión de 2019 de un tribunal inferior que determinó que, probablemente, la política violó la ley de inmigración de los Estados Unidos.

José le corta el cabello a otro residente en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Juárez.
Paul Ratje para KERA
José le corta el cabello a otro residente en el refugio para migrantes Pan de Vida, en Juárez.

Por ahora, César y Carolina, la pareja nicaragüense que vive en el refugio para migrantes Pan de Vida, están siguiendo de cerca la carrera presidencial.

“Esa es nuestra esperanza, que ahora con estas elecciones haya un cambio para bien para nosotros,” agregó Carolina.

Ella cree que si el presidente Trump es reelecto, casi no hay posibilidad de que su familia pueda entrar al país u obtener asilo.

Pero ella y César ni siquiera se han permitido pensar en lo que harán en ese momento. Dicen que deben aferrarse a una última pizca de esperanza.

“Hay personas que vienen hasta los Estados Unidos buscando el sueño americano,” dijo César. “Nosotros no huimos porque quisimos. Nosotros no decidimos dejar nuestras vidas en Nicaragua, dejar a nuestros padres, dejar a nuestros sobrinos, a nuestros amigos, porque nosotros quisimos. Nosotros fuimos obligados a dejar el país.”

Recalcó que lo único que piden es seguridad. Esto es ahora más crucial que nunca porque hace algunos meses, César y Carolina se enteraron que estaban esperando a su segundo hijo.

Ellos no quieren que su bebé crezca en una atmósfera gris y oscura, dijeron. Desean un ambiente lleno de luz para sus hijos.

Nota del editor: Algunas entrevistas de esta historia fueron realizadas en español y portugués, y posteriormente traducidas al inglés.

Mallory Falk es miembro del equipo de Report For America, un programa de servicio nacional que ubica a periodistas en redacciones locales. ¿Tienes un consejo? Envíale un correo electrónico a Mallory a través de Mfalk@kera.org. Puedes seguir a Mallory en Twitter como @MalloryFalk.

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